martes, 4 de mayo de 2010

La Cama (Relato)


La Cama


Una noche calurosa de enero, Carol por primera vez se quedaba sola con su hijo Simón; Charles, su esposo tenía una junta de trabajo en Miami.

Diez de la noche: Carol acuesta a Simón, baja las escaleras y se dirige a la cocina, se sienta en una silla y toma una hoja, piensa que le puede regalar a Simón para su cumpleaños número seis; tal vez un juguete o una mascota. Ya es tarde y no quedo más remedio que irse a acostar y apagar las luces, ya que tenía que levantarse temprano para llevar a Simón al colegio y luego ir a trabajar. Observo el reloj y la cama vacía he intenta borrar de su mente el temor a la oscuridad, a dormir sola, el espacio vacío de bajo de su cama. Ya acostada, Carol escucha el ruido de cómo se abre el armario lentamente. Nota que su pulso se está acelerando. El silencio se extiende por toda la casa, Carol apenas puede escuchar un zumbido ronco y casi repetitivo en sus oídos. De pronto escucha un ruido debajo de la cama. Su corazón comienza a latir cada vez más, su boca se abre, pero no puede gritar. Piensa que quizás sea un animal pequeño como un Ratón que va por el suelo y que se iría en cualquier momento. Se aferra esa idea con desesperación, son unos siniestros crujidos, seguidos de unas espantosas respiraciones, algo así como las que emiten los asmáticos en una crisis, tras un espantoso gorgoteo.

La mente de Carol comienza a perder la razón. Aquello que permanecía debajo de su cama, moviéndose siniestramente en la oscuridad, y aquel sonido de respiración parecía humano. ¡Ahora, ya, ya, ya! Estas palabras revotaban en la cabeza de Carol, repitiéndose cada vez más rápido, mientras su corazón latía rápidamente, amenazando con explotar.

El marido de Carol, Charles, nunca pudo olvidar lo que vio cuando volvió de Miami. Sus gritos despertaron a todos los vecinos del vecindario. Seguía gritando enloquecido. Su mujer yacía boca arriba en la cama, sus ojos abiertos; Muerta, Muerta de miedo. Pero no menos horroroso fue lo que vio debajo de la cama. El pequeño cuerpo de su hijo Simón, asfixiado que, gateando, había ido debajo de la cama donde se enredo en unos plásticos, muriendo asfixiado tras una horrible agonía.



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