sábado, 20 de marzo de 2010

Vuelo 141 (Relato)

Vuelo 141



Todo comenzó aquella calurosa noche de enero. Richard se despidió de su esposa, Rebecca, y de su hijo, Kevin, de ocho años. Aquellos interminables abrazos, que parecían predecir que algo sucedería; terminaron repentinamente cuando la bocina del taxi irrumpió. Richard se termino de despedir, salió de su casa y entró en el taxi, el cual lo llevaría directo al aeropuerto.

Allí lo esperaban dos amigos más, George y Carl, que también tenían que asistir a la reunión, en New York, ya que los tres eran operadores de la bolsa de Wall Street.

Aunque el viaje no sería muy largo, Richard, a quien no le gustaba viajar, le pidió a la azafata se le podría traer un vaso con agua para tomar un tranquilizante, para ver si podría tratar de dormir un poco y así pasar lo mejor posible el viaje. Luego de un rato se quedo dormido.

Después de acostar a Kevin, Rebecca, decidió irse a dormir también, debido a que ya era tarde y a la mañana siguiente tenía que ir a trabajar. Ya que no podría dormir, Rebecca encendió el televisor de su habitación; cuando se estaba quedando dormida el ruido de la puerta que se abría la sobresalto. Cuando se incorporó, miró y como se veía nada, prendió la luz y vio que era su marido que estaba entrando a la habitación. Cuando lo vio, todo el mido que sentía se evaporo.

Le preguntó que había pasado y sólo le dijo que se había cancelado el vuelo 141. Luego se acostó y no dijo nada más.

A la mañana temprano, cuando Rebecca movió el brazo para sentir la presencia de su esposo, él no estaba. Pensó que se había ido al trabajo. Preparó el desayuno, despertó a Kevin. Luego de desayunar llevo a Kevin a la escuela, después se dirigió a su trabajo.

En el transcurso del viaje, como todos los días, paró en un semáforo y compró el periódico, el cual decía que el vuelo 141 con destino a New York había caído al mar por causas desconocidas y que hasta el momento no habían encontrado a ningún sobreviviente del vuelo.

Luego de haber leído eso, Rebecca, quedo shokeada, lo cual provocó que pasara el semáforo en rojo y un camión que trasportaba árboles para una fábrica de celulosa envistiera su automóvil.





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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy Bueno el Relato!

Leny dijo...

No sé si serás raro y poco convencional, pero me gusta tu estilo y que dediques tu tiempo a la literatura (con tan sólo 17 años!...)
Un placer!
Te seguiré leyendo
Besos,

Daniel J. Csich dijo...

gracias Leny, aprecio tus comentarios... y espero que te guste mi filosofía algo extraña pero muy entretenida.

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