viernes, 19 de marzo de 2010

El Rito (Relato)


Bueno, "El Rito" fue uno de los relatos más largos que he escrito, se acentúa en una época medieval en un pueblo muy humilde, pero que por las noches se vuelve sangriento!

También tomo un fragmento de un verso de "Anatema Carmesí" que me ha dado una buena ayuda con este extenso relato.




El Rito

Llegue a la aldea y vi aquellos signos en la pared y supe que estaban preparando mi muerte, desde que he llegado a este pequeño pueblo rodeado de verdes bosques, sospeche que algo me sucedería, no fue solo la impresión que le daba la noche al pueblo, tan tenebrosa y sombría. Ni siquiera las palabras entreoídas al pasar cerca de una puerta, al volver de mis largos paseos por los alrededores del lugar. Fue sobre todo el encuentro con restos de huesos en el bosque, a pesar que yo jamás los había visto en la noche, pese a acostarme tarde; las extrañas formas circulares que quemaban el suelo, las hogueras, los restos de pequeños animales que me pusieron en alerta y me hicieron poco a poco ir prescindiendo de mis largas caminatas antes tan reconfortantes. Se bien que no podía presidir de la plaza como maestro rural, sin crear sospechas, tampoco podía regresar mi querido pueblo de la frontera, con las manos vacías y un fracaso como resultado del primer trabajo decente que me había surgido en años; por eso me decidí a esperar, a sospechar de cada uno de mis alumnos, a aprender a ver más allá de aquellas ancianas que caminaban por las calles, siempre enojadas con una aparente docilidad y una expresión de profundo dolor que se refleja en sus rostros y en sus andares tan lentos y como flexibles pese a la edad que tiene que arrastrar.

Me decidí a esperar, velando cada noche, encerrado en esta húmeda y vieja casona, apenas sin dormir y vigilando siempre el oscuro cielo nublado por ver si podría distinguir una luz en el bosque, las huellas de alguna hoguera, algo que me sacara de una vez mis dudas, aunque solo fuera para caer en algo mas terrorífico de esta espera sin sentido. Por eso cuando vi aquellos signos en la pared supe que estaban preparando mi muerte. Fue así de fácil una revelación que me liberaba de la angustia anterior pero que me dejaba aun más confundido y asustado, estaba claro no sabía porque pero estaba claro aquellas señales circulares en una esquina de la casona marcaban un punto de encuentro, el momento esperado por los habitantes de la aldea para cumplir uno de los ritos terroríficos y que se produciría aquella noche con mí sangre. Más tarde supe que me estaban preparando para aquella fecha, que yo era tan solo uno de la larga cadena que esa presentía una amenaza desde mi llegada a la aldea, estaba prevista que mi sospecha y mi temor era conocido por todos y que estaban esperando una señal, una fecha concreta para venir a buscarme y yo sin saberlo la proporcione con gran facilidad.

Aun con un leve pero insoportable dolor de cabeza y un malestar en la boca del estomago, sigo sintiendo esa angustia, este miedo fuera de control que me produce escalofríos y lo distingo claramente de la humedad y el frio de la noche de la vieja casona. Una pastosidad en la boca y un hormigueo constante me hacen tomar conciencia de lo que ha pasado; tengo una terrible sed. Me levanto despacio y apoyo los pies descalzos en el suelo donde noto una profunda y lejana respiración como si la tierra reconociese mi presencia y me quisiera acompañar o como si me marque un ritmo desde lo profundo de la tierra que hubiese que seguir con voluntad. Apoyo los pies en el suelo con la certeza que todo está ya preparado; vuelvo a oler el vaso que se encuentra a mí izquierda en la mesa de luz sin duda –como llego a la botella de Pablo Esseiros es algo fácil de entender- que pretendían con ello, me llena de una angustia oscura y siniestra. Retumba bajo mis pies el suelo como si de un lejano cantar se tratara mientras resisto a mí sed y logro convencerme que mejor es seguir en pie, de que si me tomo otro vaso de whisky podre acabar con todo de una vez por todas y así liberarme de este temor por lo desconocido de este temblor que no se bien si es real o si es producto de mí imaginación o una secuela mas de esta intoxicación provocada. Guiado por una extraña fuerza interior avanzo por la habitación tambaleándome como un enfermo recién levantado de un coma de veinte años, con la mente ocupada para descifrar el código secreto de aquel sonido lejano mientras mis manos se sostiene del marco de la puerta, luego al de otra y consigo salir a la oscura y fría noche que me deja y que me hace sentir la fatalidad de mi destino, pero me hace a la vez comprender que aun tengo tiempo de escapar y que no volverán por mí hasta que acabe la fiesta nocturna y comience el ritual como un rito de carne y sangre, de purificación y de pecado.

Me tambaleo por las calles de la aldea y busco una salida hacia el bosque que no me conduzca hacia las hogueras prendidas que ahora sí, resplandecen en la oscura noche. Entre tropiezos con arcadas y una terrible sed que me asecha, logro contener mí miedo y sigo avanzando, me caigo y me vuelvo a levantar y sigo el oscuro sendero que me marca el destino. Camino con la desesperación del perseguido y con la certeza del condenado mientras un color rojizo se va apoderando del cielo y noto como el suelo tiembla cada vez más cerca bajo mis pies descalzos ya sangrantes por las piedras y las ramas que me he cruzado en el camino. El estruendo subterráneo es cada vez mayor, siento como todo me da vueltas, como la llamada se hace cada vez más cercana y sin saber ¿Cómo? o ¿Porque? soy arrastrado por este temblor, horrendo y tenebroso. Me siento arrastrado e intentó esconderme en unos matorrales, me arrastro en el barro producido por una leve llovizna de Abril, me acerco a un claro del bosque y mí sangre se detiene al contemplar la visión que muestran mis cansados ojos entre las hogueras y el humo de olores crueles y sugerentes. Humo en el aire, caras deformadas y terribles gritos de gozo y terror, cuerpos retorcidos que vuelven y se juntan, se separan y se vuelven a unir en una desesperante orgia carnal, labios que muerden y besan, que escupen, labios carnosos que incitan al sexo y a la más cruel violencia. Pechos descubiertos, saltos entre las hogueras, ojos desorbitados en un trance completo, olor a carne podría y flores de cementerio, a hojas caídas y sudor de mujer entre las sabanas, largos cabellos azotados por el viento de la noche, lluvia que cae en las espaldas arqueadas, sabor dulce de pecado, sabor amargo de fluidos corporales, luz amarilla, roja, negra, luz de las hogueras, cuerpos muertos, cuerpos vivo y muertos, cuerpos que viven y que mueren, cuerpos que caen y se levantan y se golpean, azotes y mordiscos, besos y caricias, abrazos desesperados y una confusión caótica de belleza y pasión, griteríos interminables en torno a una figura estática y sublime que difiere entre las otras, rodeada de un color rojo deslumbrante que hace destacar su imponente cuerpo de diosa tras las deformes apariencias a su alrededor, figura que se eleva hacia el cielo oscuro y sombrío, que flota en un circulo trazado del suelo que mira y no ve, que se superpone a todo y rige a todo, que desencadena y excita, que aterra y seduce y que pronuncia oscuras palabras en una voz susurrante y lejana que apenas se logra distinguir entre los interminables griteríos y el terrible sonido de la tierra en movimiento que acompaña a esta danza macabra y rodea en vibraciones a la figura central de este Rito –“Hómeo Curpo de Terra, Meu cansao Explito, Explito une expersone morta”- que susurra en la lejanía, las palabras que llegan hasta mi oído y hacen que de pronto se haga un silencio entorno a mí. Ya tan solo se escuchan las palabras para mí pronunciadas y el profundo latido de la tierra, veo líquido vital que corre y me rodea y me hacen avanzar en cortos pasos entre las figuras que se retuercen ante mí, que me hacen avanzar entre las hogueras y las brazas ardientes, sintiendo una quemazón en la planta de mis pies descalzos, matar por no morder, con sus ojos en el cuerpo desnudo que flota en el circulo y que ahora me extiende los brazos, me aproximo a ese cuerpo pálido y sudoroso, ese cuerpo femenino que me llama entre susurros, que me extiende sus curvas y sus bien formadas caderas, sus pechos duros y arrogantes, ser la mejor mujer que por fin alcanzo y se entrega a mí dentro de este círculo dibujado con fuego en la tierra y el suelo que nos acompaña con sus cada vez mas fuertes latidos. El temblor de la tierra me acompaña mientras la poseo, noto como se retuerce bajo de mí, como con los ojos cerrados gime de placer bajo mí cuerpo, me clava sus largas uñas en la espalda y el dolor es agradable, se acerca a mí y me muerde el hombro, mientras mana la sangre el dolor es exquisito, miro nuestras piernas que se mueven al compas de la tierra, miro la sangre en su pubis de la virginidad perdida y siento un terrible dolor insoportable e indescriptible y estallo en un grito de terror al mirar sus ojos por fin abiertos y ver cómo me observan esas pupilas de un color negro y a su alrededor un rojo incandescente, esos ojos encendidos que se burlan de mi terrible sufrimiento, me aparto de su cuerpo y descubro que las manchas de sangre de su vagina son mías, descubro en su vulva, entre el semen y la sangre unos agudos dientes, unos dientes tan amenazantes como su mirada, unos dientes que ya han logrado su objetivo y pierdo el conocimiento mientras contemplo aterrado, mientras me desangro, su cuerpo perfecto y su oscura mirada que viaja entre mis eternos sufrimientos, eligiendo a su antojo de entre mis recuerdos más ocultos, aquel que se apropiara como alimento.

Desperté con una angustia y una dolorosa impresión de haber sido machacado, mis huesos crujieron más de dos semanas, las cicatrices producidas aquella noche me duraron varios meses, a partir de ese momento me he dejado llevar por la vida, sin responder a ningún otro estimulo externo, no me extraño levantarme de la cama de la vieja casona y que me atendiesen todas las ancianas de la aldea con un cariño antes desconocido, tampoco me sorprendió demasiado seguir recibiendo el sueldo mientras la escuela no funcionaba y yo me dedicaba a vagar por el bosque, buscando él porque sigo con vida y respiro la brisa de cada mañana, no podre saberlo nunca. Pero cuando contemplo las pequeñas cicatrices que están en mí hombro, mí espalda y que rodean mí pene, me siento vivo y presiento que jamás podre ser feliz como lo fui aquella noche que guardo entre mis más horrendas pesadillas. Ahora solo vivo con el temor y la esperanza de volver a encontrarme con aquel demonio de piel de mujer, suave y pálida de ojos indescriptibles y entrañas húmedas y expectantes, aunque esta vez su vaginal mordedura me adsorba por completo a lo más profundo de su satánica presencia.

Sangre Helada

Hazme guía de tú mano, un fuerte mástil de proa que avance sin miedo al peligro. Conducirme de una vez, a las inocuas arcas sagradas. Llévame al interior cálido de tu cuerpo. Abraza el espectro perdido que amaste y regrésalo a salvo a estas, mis carnes putrefactas. Los gusanos atienden atónitos estas suplicas eternas. Clamo por un susurro. Una palabra de tu boca para que el infierno se congele.

De “Anatema Carmesí – Legado Hereje Vol. I”

Notas Posteriores:

Han pasado veinte años desde aquel rito macabro y sangriento. En este tiempo que ha transcurrido, no volvió a suceder nada, he recorrido por completo el bosque en búsqueda de una respuesta y solo he encontrado las hogueras ya extintas y algún que otro símbolo quemado en el suelo, pero nada, nada de nada, ni siquiera una señal, nada que conteste mis preguntas.

Todavía pienso en aquella figura que se entrego a mí aquella noche. Hay noches en las que no consigo dormir, noches en las que vuelvo a escuchar y sentir los pequeños temblores de la tierra pero al salir de la vieja casona en búsqueda de mí bella dama se calman. Todavía trabajo en la escuela, pero nunca deje de sospechar de la gente del pueblo, antes eran tan amargos como horrendos, con expresiones poco amigables; ahora todo el mundo con el que te cruzas te saluda o emite una expresión de amistad. Ya muchas de las ancianas de la aldea han muerto por enfermedades y el mismo tiempo. He pensado en volverme a mi pueblo pero presiento, que algún día me volveré a encontrar con mi querida la cual nunca supe su nombre y nunca me lo he preguntado; o moriré sin volverla a ver; el destino lo dirá.

Fin

~ Daniel J. Csich ~


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